Con toda seguridad van a salir o ya salieron
varios reportajes con este singular título; sí, ya que el documental
del francés Luc Jacquet, en que narra el extraordinario viaje que deben
realizar los pingüinos emperador a través del hielo antártico para
aparearse, permite hacer un símil casi perfecto con las marchas que
vienen realizando los estudiantes secundarios de nuestro país. En el
galardonado film se habla de vida, de una azarosa caminata por
perpetuar la especie; en tanto en las calles de las principales
ciudades del país se habla o se intenta hablar de uno de los
principales componentes de la vida civilizada, la educación.
No es de extrañar, como viene sucediendo en forma
reiterada, que los acontecimientos nos superen dejando a la academia
estupefacta de explicaciones postreras. En efecto, en el régimen más
ciudadano que ha tenido el país en los últimos años, con un cuerpo de
ministros técnicos y dialogantes, se desató lo que el Ministro Zilic
denominó con candor naif “el ritual que empieza en marzo y termina el
21 de mayo”, para espetar después “yo fui dirigente estudiantil… se de
lo que estoy hablando”. Sin duda alguna el doctor sabe de lo que está
hablando, pero, el coordinador del programa del Foro Biotecnológico
chileno no ha advertido que probablemente hay situaciones nuevas en la
liturgia, una especie de gen ha mutado dentro de las consabidas
protestas estudiantiles que podría cambiar completamente el matiz de
esta mise en scène.
Desde que tengo memoria ciudadana que he
contemplado, visto y participado en las llamadas “demandas
estudiantiles” de los primeros meses del año que acaban como todos los
años… en los primeros meses. Se gana algo, la verdad poco, puntos más,
puntos menos, algunas becas, algunos estudiantes contusos, algunos
dirigentes famosos que hacienden en sus carreras personales, pero
generalmente todo sigue igual. En rigor, la mayoría de las protestas
estudiantiles han estado marcadas por demandas economicistas que,
derrochan espectacularidad, pero se contradicen con cifras que muestran
a un país cuyos índices generales mejoran ostensiblemente; por lo cual,
terminado el ciclo los jóvenes vuelven a sus aulas a ponerse al día
para no perder el semestre. Alguna vez los dirigentes estudiantiles
pusieron en la mesa de negociaciones la mala calidad de la educación,
la pobrísima infraestructura con que están dotadas la enseñanza
superior pública y privada, la contumaz avaricia de aquellos que lanzan
carreras al mercado sin ninguna expectativa laboral… la verdad yo no me
acuerdo haberlo oído, ni siquiera del Ministro. Pero, si no lo plantean
los universitarios, que son el grupo de jóvenes más esclarecidos de la
sociedad, qué necesidad hay de preocuparse de los modestos pingüinos
que, a lo mejor, en su gran mayoría, ni siquiera van a conocer la
universidad.
Como toda persona seria de este serio país,
concuerdo con que muchas de las demandas parecen no sólo audaces, sino
excesivas. Pase escolar gratuito para todos, independiente de la
situación económica de los padres es inconducente, el mismo criterio es
aplicable a la PSU gratis; pero, lo que debe llenar de rabia al
Ministro y -por cierto- a mí también, es que los jóvenes chilenos
quieran derogar la Jornada Escolar Completa (JEC) y por si fuera poco
revisar la LOCE… y por qué, nos preguntamos al unísono y atónitos el
Ministro y yo. La JEC, responden los perversos pingüinos, apoyados o
manipulados por sus profesores, ésta no apunta a mejorar la calidad
sino que establece una recarga horaria que no aporta al verdadero
desarrollo del intelecto, lo que no redunda en una mejor calidad de la
educación; por otra parte la LOSE, que dio origen a la educación
particular subvencionada, debe ser reformulada entregándole la tutela
de la educación al Estado. No se que dijo el Ministro, pero en esta
parte yo por lo menos hago una pausa.
Uno de los proyectos estrellas en materia de
educación de los gobiernos de la concertación fue la extensión de la
jornada escolar, parece obvio, si los alumnos tienen mal rendimiento
aumentémosles las horas de clases, como se ha hecho en todos los países
desarrollados. Pero digamos también que en esos países, con una
repartición de la riqueza muy diferente a la nuestra, se tomaron
medidas curriculares, de infraestructura y administrativa adecuada; de
qué sirve aumentar las horas de permanencia en los recintos escolares
para recibir más de lo mismo. Ojo Ministro, que este reclamo viene de
jóvenes privilegiados, la mayoría estudia en liceos emblemáticos que
reciben lo mejor de la educación pública y una amplia preocupación de
sus padres… se ha puesto a pensar, qué está pasando en los colegios
menos favorecidos –aquellos que sus nombres no son vinosos y, por el
contrario, se los clasifica con una letra seguida de un número-, donde
se reproducen en demasía las lacras que afectan a nuestra educación,
generándose en verdaderos recintos carcelarios para mantener a los
adolescentes adentro y no e las calles. Se imagina Ministro lo
frustrante que debe ser ir 5 días a la semana a contemplar una pizarra
llena de galimatías, donde me prohíben expresarme libremente, donde no
puedo llevar más que un cuaderno, lápiz y corrector… no quiero
aventurar juicio pero, quizás por allí ande la causa del descontrol a
veces vandálico que a veces se apodera de las manifestaciones
estudiantiles.
Todos reconocemos los avances que ha tenido la
educación en términos cuantitativos; todos reconocemos también, que
nuestra educación tanto pública como particular subvencionada adolece
de muchas aristas que la hacen cuestionable. No cree, como buen ex
dirigente, que alo mejor acá pueden haber otras razones más allá de la
liturgia de principios de año. No cree que alo mejor sería bueno
escuchar a los pingüinos en serio, con afán constructivos, en un debate
abierto sobre qué caminos debe tomar la educación en Chile. Si nos
detenemos levemente en la prensa internacional, particularmente de
Europa, algo nos están diciendo; no valla a ser que las buenas
intenciones nos hagan apagar el incendio con la misma bencina vencina
que usan para las molotov.
