
No recuerdo bien cuando fue, pero sin lugar a dudas tuvo como
fundamento emocional la Teleton, la que a su vez debió motivar a alguna
autoridad ministerial a realizar bajadas en las cunetas de cada calzada
capitalina. La idea, bien intencionada, era que las personas
minusválidas pudieran desplazarse en forma holgada por nuestras calles.
Con todo seguridad hubo una inauguración simbólica, mostrada en el
último tercio del noticiero central, en esta se debe haber entrevistado
a un discapacitado acompañado del intendente de turno y el
subsecretario te transportes de la época, donde estos últimos,
explicaban las bondades que sin lugar a dudas tenía el proyecto.
En esta lógica de ciudad amiga, acogedora y no discriminatoria se
empezó a dejar ver un nuevo componente ciudadano no tan candoroso y
amigable, prototipo de la nueva cultura de la urbe santiaguina; aquel
que no siendo minusválido ni papá paseando el coche de su guagua
utilizaba estas bajadas de calle a su total antojo; un peatón moderno
que se movilizaba sin ninguna contemplación a gran velocidad, haciendo
piruetas por entre los peatones en dos ruedas. En efecto, las calles
capitalinas fueron fusionadas paulatina pero sostenidamente con las
ciclovías o ciclovías-peatonales. Varias razones podrían explicar este
fenómeno, primero, una cultura asociada al uso de la bicicleta como
vehículo de movilización alternativo, al que contribuyó el aumento del
pasaje de la locomoción colectiva; además de una incipiente moda de
carácter corporativo que comenzó a exigir su derecho a transitar en
forma segura con este ecológico medio de transporte, como segundo
elemento. El resultado de este nuevo esfuerzo ministerial son aceras
híbridas donde se mezclaban y convivían en forma incestuosa dos formas
de transporte ciudadano: peatones y ciclistas o debiera decir peatones
v/s ciclistas o vise versa; el suscribíente ha visto a la fecha 12
atropellos, de los cuales 2 de ellos han terminado en golpizas. No hay
que ser un genio en física para imaginar la relación peso-velocidad,
aplicada a una bicicleta aro 28 con un conductor de 70 kilos en algunas
de las aceras de la Alameda capitalina. Mientras tanto, todo esto
sucedía a vista y presencia de todos, de los subsecretarios que
observaban tras sus vidrios polarizados cuando se detenían en algún
Seda el Paso o aquel periodista que adoptó la moda de pasear los días
domingos en su bici, lo importante era llegar rápido, a la hora en esta
ciudad plagada de buenas intenciones, las mismas que casi siempre
pavimentan el camino al infierno. Es más, incluso hasta un
presidenciable alcalde con afán innovador instauró un transporte a
tracción humana en los paseos peatonales y, una vez más salió en los
noticiarios y todos lo aplaudieron su ingeniosidad criolla.
Hasta aquí Ud. dirá, una vez más el típico cometario del amargado de
siempre, el típico inconformista nostálgico que recela de los procesos
modernizadores que nos han llevado a ser la envidia de nuestros
vecinos; pero, aunque Ud. no lo crea, faltaba otro gesto de buena
voluntad de nuestras diligentes autoridades que, obviamente se dieron
cuenta, asomaron sus cabezas por las ventanillas de sus arros for wild
drive para poner orden al caos.
En diciembre de 2003 fue firmado un acuerdo operativo para la
implementación de la segunda etapa del Proyecto "Aire Limpio y
Transporte Sustentable para Santiago", entre el Gobierno y el Programa
de Naciones Unidas para el Desarrollo. En este proyecto el Banco
Mundial, a través del Fondo para el Medioambiente Mundial (Global
Environment Fund o GEF), entrega una donación de US$ 7 millones para
medidas de Transantiago. Entre éstas destaca la construcción de una red
de aproximadamente 35 kilómetros de ciclovías en las comunas de
Providencia, Ñuñoa y Santiago. Del total de la donación del Banco
Mundial, 4,5 millones de dólares fueron destinados a la construcción de
esta red. Paralelamente al proyecto GEF, el Ministerio de Transportes y
la Intendencia Metropolitana anunciaron en diciembre de 2003 la
construcción de los 4,5 kilómetros de ciclovías que cruzarán el
bandejón central de la Alameda Libertador Bernardo O'Higgins, uniendo
las comunas de Estación Central y Santiago, a contar de diciembre de
2004. La construcción de la ciclovía que cruzó la Alameda, desde
Teatinos hasta Av. Las Rejas fue posible gracias al Fondo Nacional de
Desarrollo Regional que aportó cerca de $300.000.000 para su
construcción, que incluye la infraestructura, señalización, demarcación
y semaforización.
¡Imponente! Así se hacen las cosas en Chile. Los datos precedentes
fueron extractados de la prensa de la época y la Web de Subsecretaría
de Transportes, obviamente… como se hace en Chile.
Fue el año 2005, eso lo recuerdo bien, con intendente, subsecretarios,
ciclistas furiosos, prensa de farándula y de la otra que se inauguró la
ciclovía que recorre actualmente la Alameda. Un simple vistazo o si Ud.
es de aquellos retrógrados que gusta caminar como deporte sano y
ecológico, puede apreciar una total disociación del carácter cívico que
tiene la acción peatonal como mecanismo de transporte, comunicación y
observación de la vida urbana, lo que ha la postre significa una
complicación para los propios ciclistas y un peligro para los
caminantes urbanos. En los lugares donde la autoridad no pudo onstruir
en el bandejón central -probablemente un problema de costos y
presupuesto-, el subsecretario o algún asesor, tomó una brocha y trazó
la ciclovía por las aceras peatonales, cómo… como se hace en Chile.
Se ocuparon casi la totalidad de las bajadas para minusválidos, la red
cicloviana pasa por delante kioscos o éstas dejan un espacio
prácticamente ínfimo al tránsito peatonal, como se puede observar en
las fotografías.
Algo pasa con nuestras autoridades que de todas formas quieren
empujarnos al vehículo particular, el chiliams way Style solo se
satisface en ruedas, planes de locomoción colectiva de mala calidad,
ciclovías de mala calidad, aceras de mala calidad… en definitiva, vida
de mala calidad, salvo que Ud. se haga ciudadano motorizado, como debe
ser, así… como se hace en Chile.
